En el mes de marzo estuvimos hablando sobre: la creatividad y los actos creativos. 

Hicimos hincapié en que todos tenemos la capacidad de crear ya que es una característica propia del ser humano y que la podemos aplicar en cualquier ámbito de nuestra vida para aprovecharnos de las posibilidades que tenemos a diario.

Estas semanas he estado ausente, por un problema de salud que será tema de otro post más detallado, pero también porque me pasó algo muy mágico que quiero compartirte porque me hizo reflexionar aún más sobre la creatividad.

No somos conscientes de cuán creativos somos hasta que una situación de vida, una enfermedad o un simple cambio nos pone ante una tesitura en la que nunca habíamos estado y que no sabemos cómo resolver.

Y es en ese momento donde todo nuestro ser “saca de la galera” varias opciones para que seleccionemos la alternativa que nos va a facilitar transitar esa situación.

Los actos rutinarios de nuestra vida nos demandan tiempo y energía pero casi que los hacemos en piloto automático, no nos piden un gran esfuerzo ni tampoco nos invitan a pensar.

Es verdad que tener una rutina nos facilita las cosas, pero si nos dejamos atrapar por ella terminamos  haciendo siempre lo mismo, resolviendo las situaciones de la misma manera y nos acomodamos calentitos en una zona de confort de la que nos cuesta salir. Así nuestra capacidad creadora queda sin pulir porque no hay un desafío cotidiano que nos haga hacer cosas extraordinarias.

La creatividad por tanto está relacionada con los desafíos que nos ponemos en nuestra vida.
Es el motor que tira de nosotros, y nos invita a hacer cosas extraordinarias, a correr riesgos y desarrollar lo que haga falta para alcanzar los sueños que tenemos.

Hace ya tiempo sentía la necesidad de integrar dos pasiones: la cocina y el marketing.
Si bien Canela y Coco me permite dar rienda suelta a ese ensamble, me apetecía apostar por un desafío mayor, no sabía bien la forma o el qué pero si tenía clara la dirección de mi brújula interior.

Y hace tres semanas la oportunidad se presentó: comencé a asesorar comercialmente a Ecocentro, un multiespacio dedicado a la cocina bio vegetariana.

Para que esta situación se diera, no rellené un curriculum, lo mandé y me senté a esperar. Mi búsqueda interna me mantenía con una luz de alerta a todo lo que alrededor se presentaba.

Un día vi en su página que estaban necesitando ese perfil, decidí escribirles y presentarme ante ellos tal como soy: una apasionada por la cocina y el marketing.

Di un salto, me arriesgué y así llegó la llamada.

Estoy segura que decidieron confiar en mí no sólo por los conocimientos que pueda aportar en relación a la salud holística y mi visión del marketing, sino por haberme desnudado en mi correo contándoles de corazón quién soy, que quiero y qué tengo para ofrecerles.

Las posibilidades surgen cuando hay un acto de riesgo: “hacerse cargo de uno mismo” y decir: Yo quiero aportar esta parte de mí, quiero que esta parte de mí también entre en juego.

Cuando arriesgamos utilizamos nuestra creatividad al servicio de ese sueño que queremos conseguir.

Cuando nuestra vida es siempre igual adopta un dejo de línea plana, estamos ahí pero nada extraordinario sucede. Pero no porque “tenga que sucedernos” sino porque nosotros tampoco estamos por la labor que eso suceda.

Para que sucedan cosas extraordinarias es necesario lanzarse y hacer cosas extraordinarias.
Quizás hablar con una persona cuando habitualmente somos más bien tímidos, o de repente animarnos a vestir diferente por el hecho de mirarnos y  gustarnos, o a lo mejor ir a un sitio diferente y probar un nuevo tipo de comida o animarnos a sacar un tema de conversación profundo con una persona.

Es decir son actos extraordinarios que de alguna manera nos sacan de nuestra zona de comodidad y nos hace utilizar nuestra creatividad al servicio de esa situación para poder crecer.

La creatividad nos da la posibilidad de crecer.

Para que exista el acto creativo, también tiene que existir una situación que nosotros queramos cambiar y la valentía  de animarnos a dar el paso aunque no tengamos certeza sobre lo que vendrá.

Cuando al principio te decía  “algo mágico pasó” es porque me gusta pensar que cada uno es una especie de mago que tiene en la galera muchos conejos, liebres y pañuelos esperando su turno en la función; pero mientras no se presenta la situación, no hacemos uso de nuestra capacidad creadora dando vida a las oportunidades que esperan ansiosas salir de la galera.

Para cerrar el mes de la creatividad, quiero invitarte a que confíes en que si hay algo dentro de ti que te está pidiendo un cambio, le des espacio para que ocurra.

De tu galera mágica y creativa saldrá todo lo que necesitas para transitar ese camino y alcanzar todo lo que sueñas.

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