A principio de esta semana lanzaba un mensaje en las redes sociales donde proponía atesorar lo vivido en vez de concentrarnos en lo que nos hemos pasado con la comida estos días.

Es común que después de un parón de vacaciones donde muchos salimos fuera o aprovechamos el tiempo para reuniones familiares y de amigos, nos cuestionemos sobre la alimentación.

Y lo primero que surge es el sentirnos culpables por lo que hemos comido fuera de lo establecido como saludable, lo que nos lleva a lo segundo: hacernos la típica promesa de “El lunes empiezo”.

Pero llega el lunes, empezamos nuestra rutina cotidiana y al momento del desayuno es cuando fallamos por primera vez la promesa que nos hemos hecho y justificamos esta decisión con: “no tengo fuerza de voluntad”, “es que los demás no me acompañan”, “yo no puedo solo/a”, etc.

Y con este primer tropiezo, a la mierda nuestro propósito.

Procastinamos, dejando para más adelante una decisión o un compromiso que nos habíamos hecho, para hacer algo que nos agrada más o que nos resulta menos costoso. Confiamos en el mañana algo que deberíamos resolver hoy.

El problema con procastinar o dejar para mañana nuestras decisiones o acciones, es el impacto que tiene en nosotros y lo mal que nos hace sentir.

Asociamos el posponer a sentimientos de frustración, de falta de compromiso con nosotros mismos, de debilidad y de desconfianza. El sentir que no avanzamos y que tenemos la mosca detrás de la oreja todo el tiempo, mina nuestra seguridad, nuestra confianza y nuestra capacidad de proponernos metas y cumplirlas.

Pero déjame decirte que la procastinación es inherente al ser humano y es algo que se puede modificar.

Pero para ello es importante que entendamos

¿Por qué tenemos el hábito de posponer? 

Yo lo resumiría en 3 razones.

BUSCAMOS UNA RECOMPENSA INSTANTÁNEA

Si queremos perder peso, sentirnos con más energía, dormir mejor, vernos bien, etc. el comer saludable nos lo va a proporcionar, pero no es inmediato sino algo que vamos a conseguir a lo largo del tiempo.

Hoy estamos en una situación A y para llegar a la situación B hay un período de tiempo y una serie de cosas que debemos hacer en el medio para poder alcanzar nuestro objetivo.

Sin embargo, comernos un pastel de chocolate es una recompensa instantánea, que será pan para hoy y hambre para mañana.

SOBREESTIMAMOS EL FUTURO

Pateamos para adelante el sentirnos bien y llenos de energía porque creemos que tenemos todo el tiempo del mundo para conseguirlo. Cuando en realidad, si antes nos ocupamos de aquellos asuntos relacionados con nuestro bienestar, antes nos sentiremos mejor. Porque el hoy es la consecuencia de lo que hemos decidido en el pasado.

TENEMOS MIEDO

Y me dirás ¿cómo voy a tener miedo de sentirme mejor o de comer saludable?

Sin embargo, este es el motivo más oculto de todos. El miedo nos paraliza y nos hace procrastinar una tarea o actividad importante, haciendo algo sencillo y seguro en su lugar.

Miedo a decir no, miedo al cambio.

Cambiar supone modificar una serie de hábitos en relación a la alimentación, a la compra, al orden en casa, a plantearnos las cosas de manera diferente, afectando nuestra dinámica de familia.

Y nos da miedo que no estén de acuerdo, que nos rechacen, que nos hagan sentir ridículos, que no nos acepten, que no nos apoyen y sentirnos solos.

Y ligado a esto, nos da miedo decir NO. Un cambio supone adoptar nuevos hábitos y decir que no a otros que no contribuyen a nuestro propósito.

¿PERO, QUÉ PODEMOS HACER PARA DEJAR DE PROCASTINAR?

Lo más importante es preguntarnos:

  • ¿Cuál es mi objetivo?
  • ¿Para qué quiero comer saludable/sentirme mejor/ tener más energía, etc?
  • ¿Qué voy a conseguir?

Tener claro ese objetivo es muy importante porque va a ser la diana que nos motivará en cada acción que tomemos. Si ese objetivo es sólido e importante para nosotros lo de alrededor nos va a dar igual.

Ya que no podemos depender de las voluntades o propósitos de otras personas, justamente porque son de ellos y no nuestros. En cambio, si nuestro propósito está alineado con quien soy y es real e importante, lo voy a abrazar con tanta fuerza qué tendré la voluntad suficiente para llevarlo a cabo.

Aparte de definir el objetivo te propongo que lo desgloses en pequeñas cositas que puedas hacer hoy mismo y que las termines hoy, por ejemplo:

  • Ir a comprar con una lista de la compra más saludable
  • Vaciar y limpiar la nevera de aquellos productos que no contribuyen a tu salud
  • Sacar una cita con tu nutricionista
  • Apuntarte al gimnasio, quedar con un amigo para salir a andar en bici o con una amiga para ir a entrenar, caminar, correr, etc.
  • Prepararte un plato saludable en la próxima comida que hagas
  • Hacerlo público también es una forma de comprometernos y hacernos responsables de esa decisión que hemos tomado.

Es importante que le des valor al primer paso, ya que es el paso que vence la resistencia y cuando lo damos nos sentimos bien y la recompensa es grandísima.

Porque sentimos que hemos sido consecuentes con ese objetivo que nos hemos marcado y eso hace que querramos más porque si hemos podido nada nos limita a conseguirlo.

Te animo a que hoy des un primer paso en pos de tu salud y definas que entiendes por saludable para tu persona comprometiéndote con una acción diaria.

Una sola. No hace falta más.

Una acción que puedas cumplir hoy, mañana otra y pasado otra. Y así, al finalizar la semana, habrás tenido siete actos cumplidos que tienen que ver con tu propósito y que te van a acercar a ese gran objetivo que vienes persiguiendo desde hace mucho tiempo y que venías postergando.

Me gustaría que me cuentes, en los comentarios, qué gran primer paso darás con el objetivo de sentirte más saludable.

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