Hay dos cosas que me llaman la atención cuando se acercan las vacaciones:

  1. Antes de irnos parece que andamos a todo vapor resolviendo mil asuntos y el tiempo se nos pasa volando. “No vemos las horas de irnos” y todos los “marrones” los dejamos para resolver cuando volvamos “con la mente despejada y las pilas cargadas”.
  2. Cuando volvemos nos pilla la “depresión postvacacional”. Hemos disfrutado de nuestro tiempo, de nuestra “libertad” y ahora al reinsertarnos “en la rutina” y ver que tenemos que hacer frente a lo que dejamos pendiente nos da todo el bajonazo. No hay pilas cargadas ni ganas de nada.

Así que hoy quiero proponerte una mirada diferente.

Primero, lo primero: ¿Sabes lo que significa la palabra Depresión?
Es un estado en el que sentimos una profunda tristeza, nuestro ánimo está por los suelos al igual que nuestra autoestima y por ende nuestro interés por las cosas que nos rodea es nulo.

En esta situación nos cuesta más prestar atención, obtener resultados y sentirnos a gusto. No tenemos ganas de socializar y parece que nos metemos hacia adentro.

Cuando estamos con gripe, por ejemplo, nuestro cuerpo también entra en “depresión”. Nos aísla de las personas para evitar el contagio mutuo, nos invita a quedarnos en cama, a estar quietos para que nuestro sistema inmune se encargue de combatir la enfermedad y no tenga que lidiar con otras cuestiones.

Como ves la “Depresión” no es algo preocupante o patológico, sino una invitación de nuestro cuerpo a reflexionar, a mirar hacia adentro para encontrar respuestas a los interrogantes que nos asaltan.

Es normal que al volver de vacaciones nos cueste ajustar nuestros horarios a los del trabajo, las tareas y las actividades.
Añoramos lo que hemos disfrutado en familia o con amigos y cual niños queremos volver el tiempo atrás y regresar de donde vinimos.

Pero el estado de “depresión postvacacional” nos pilla cuando nuestra vida no tiene un para qué, un sentido real que nos impulse a la acción y nos haga sonreír.

Las vacaciones se convierten así en un paréntesis donde el tiempo se detiene, se vacía de la rutina que nos aplasta con su inercia y ¡pum! aparecen estos sentimientos de limitación, de acorralamiento y de tristeza que habíamos dejado enterrados.

Cuando vuelves de las vacaciones te reinsertas en el sitio que has dejado y que es construido por las decisiones que tomas a diario. Si ese sitio no es el que más te gusta, si la posición en la que estás no es la que quieres, si lo que haces no te resulta motivante, ¿Por qué crees que al volver de las vacaciones eso cambiará?

El año pasado cuando regresé de mis vacaciones, volvía a trabajar en un espacio en el que no me sentía identificada y además, a nivel personal, no conseguía dotar mi vida de un propósito con sentido, alma y corazón. ¿Cómo crees que me sentía? ¡Claro! Ahogada, asfixiada, frustrada y triste.

En cambio este año, no es que estuviera deseando que mis vacaciones terminaran, pero era consciente que vivir de vacaciones no me resulta motivante. Me gusta que sea un tiempo finito donde me permita ciertas licencias de tiempo libre, de descanso, de pensar y de dejar la imaginación volar para crear.

Volver a mi casa, a mi espacio, a practicar un deporte, a mi trabajo me supone un desafío.

Hay proyectos en los que quiero trabajar, ideas que quiero poner en marcha, trabajos en los que me quiero involucrar, personas con las que me quiero reunir, objetivos que quiero cumplir, sueños en los que quiero invertir mi energía.

¿Qué cambió de un año a otro?

Invertí en mí: en conocerme, en descubrir cuáles eran mis valores, en qué tenía para dar, en cuáles eran mis miedos, y trabajé duro hasta que encontré un propósito, un para qué que me motiva a levantarme por las mañanas y me da energías.

Hoy sé con el corazón, la cabeza y mis acciones cuál es mi misión.
Entiendo para qué estoy aquí y cada día renuevo mi compromiso con ese propósito de vida, que no es otro que poner al servicio de los demás mis talentos.

Hoy lo materializo en cocinar para otros, en compartir mi experiencia, en enseñar, en escribir desde el alma. Quizás mañana el camino sea otro, pero hoy este es el elegido.

Así que mi invitación de hoy es que te permitas no encasillarte en un estado de “depresión postvacacional” y te pares un momento a reflexionar:

  • ¿Sientes que tu vida tiene un propósito? ¿Eres feliz?
  • ¿Tiene ese propósito la suficiente fuerza y energía para impulsarte hacia adelante?
  • ¿Pones tus talentos a tu servicio y al de los demás:  tu pareja, tus hijos, tu familia, tu trabajo, tus amigos?

Hemos venido a este mundo para algo más grande que ver los días pasar.
Hemos venido a aprender, a amar, a divertirnos, a reír, a ser felices, a ser abundantes, a gestar vida, proyectos o sueños. Hemos venido a ofrecer nuestros dones y talentos a los demás.

Si sientes que la depresión postvacacional se ha apoderado de ti, vívelo como una invitación de tu ser esencial para cambiar, para conocerte y no pares hasta que encuentres tu propósito, ese que te haga vibrar y explotar de energía.

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