Este pasado martes 21 celebramos el Solsticio de Verano o Invierno dependiendo del lado del mundo donde estés.

La palabra solsticio quiere decir “el sol se para”, es una pausa marcada por la naturaleza que nos invita a pensar hacia dónde queremos ir.

El Solsticio de Verano, es el día más largo del año, y viene a iluminar todo nuestro potencial y singularidad, y nuestra capacidad de amar y conectar en comunidad.

El Solsticio de Invierno, en cambio, la noche más larga del año, nos recuerda que de la oscuridad nace lo nuevo, y que un periodo de descanso y renovación es esencial en el ciclo de la vida.

Para mí este tipo de marcadores naturales son una oportunidad potente para hacernos uno con la naturaleza que nos rodea y así anclar con consciencia la vida que transitamos día a día.

Hacer una pausa para reflexionar lo que hemos dejado atrás y pensar con el corazón hacia dónde nos queremos dirigir habilita un espacio de magia, pero no en el sentido de magos, chisteras y conejos sino de nuestra propia capacidad de cambiar con consciencia y voluntad aquello que queremos.

A veces hago rituales como limpiar mi casa a modo de limpiar mis pensamientos, haciendo una pequeña hoguera donde quemo mis reflexiones para que haya espacio para las nuevas ideas y otras como este año en el que me meto para adentro a hacer un breve análisis de lo transitado en estos meses.

Este año la pregunta que venía una y otra vez:

¿Qué aprendizaje atesoras de lo vivido en este último tiempo?

Y las dos palabras que resumían mis pensamientos se condensaban en: ACEPTAR y SOLTAR.

En estos meses aceptar que las vivencias y elecciones de otros son suyas, dejándoles ser con amor, sin meterme, sin emitir juicios, y en tal caso preguntarme ¿qué de todo eso que me remueve tiene que ver conmigo? ¿qué estoy viendo y qué puedo cambiar de mi vida?

He podido darme cuenta lo mucho que me cuesta la aceptación para con los demás y para conmigo misma. No soy una intolerante empedernida, pero sí reconozco que aceptar con amor y sin juicio lo diferente me lleva un trabajo y energía importante, cayendo fácilmente en la crítica, de esa que no construye.

He tardado bastante hasta interiorizar la enseñanza que los demás son un espejo en donde vemos aquello de nosotros que querríamos fuese diferente, y a la vez decirme: tus ojos y tu corazón ven esto, ¿qué aprendizaje o cambio quieres hacer en tu vida si tanto te molesta lo que ves?

Porque en resumidas cuentas la vida de los otros es “DE LOS OTROS”, lo que decidan hacer con ella es menester de ellos mismos y ninguno de nosotros puede hacer nada para cambiarlos, cambiarán si les da la gana y cuando lo decidan. Y si me está molestando a mí, será que hay algo espejado de mi comportamiento en lo que los demás están haciendo, y sobre eso sí puedo actuar, porque es mi propia vida sobre la que puedo cambiar.

Soltar mis prejuicios, mis expectativas, mis ideas preconcebidas para dar espacio a que las cosas sucedan de la mejor forma confiando, también ha sido una gran enseñanza de este tiempo. Mi parte más controladora se “aferra” como loca a lo que ha ideado queriendo quedarse en un espacio controlado y dominado de punta a punta.

Pero la vida, y más cuando interactuamos con los demás, fluye, es por sí misma y nos invita a explorar otros caminos alternativos. Es imposible querer que todo vaya según nuestro esquema mental, la salud está en la flexibilidad de aceptar que la dinámica de un grupo, una familia o un ambiente cambia a cada segundo y si nos encasillamos en querer tener todo bajo control lo único que lograremos será sufrir porque las cosas no son como quisiéramos en vez de dejar que sean como realmente están siendo.

Esta ha sido mi reflexión y me ha servido para conocerme más en profundidad e iluminar partes de mi interior.

Así que hoy te regalo mi pregunta para que te sirva quizás como punto de partida para un viaje hacia tu interior:

¿Qué aprendizaje atesoras de lo vivido en estos últimos 3 meses?

¿Si tuvieras que resumirlo en 2 palabras, cuáles se te vienen a la mente?

Te dejo que lo pienses. Tomate un tiempo para darle cabida a que aparezcan.

Antes de despedirme te dejo latiendo unas preguntas más:

¿A qué te abres en esta nueva estación?

¿Qué quieres ofrecer de ti al mundo en los tres meses que vienen?

Ábrete a recibir cosas nuevas y a plantar las semillas simbólicas de lo que quieres gestar y que florezca y de fruto, en su tiempo.

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