Seguimos transitando este camino de salud que nos propusimos a principio de año, reconociendo que todo lo que nos rodea tiene un impacto sobre nosotros: lo que comemos, lo que sentimos, lo que pensamos y cómo actuamos.

En febrero le abrimos la puerta a nuestro Desarrollo Personal.
Si te acordás conocernos en profundidad era el punto de partida, porque si no sabemos quiénes somos es imposible saber qué queremos o hacia dónde queremos ir.

La semana pasada le agregamos un poco más de chicha al asunto y nos propusimos aceptarnos y amar todo lo que somos, incluso aquello que no nos gusta tanto.

Te advierto que el listón esta semana es aún más altoSer coherentes y fieles con lo que somos, lo que queremos, lo que pensamos y lo que hacemos ¿QUÉ TUL?

Ayer cerré una etapa importante de mi vida.

No sé si te lo había contado, pero hace unos 5 años formé una agencia de publicidad y marketing. Fue mi sueño de universitaria hecho realidad. Y si bien era dueña de mi tiempo y hacía un trabajo que me apasionaba era menos feliz que unas espinacas hervidas. Yo era otra persona que de seguro no reconocerías andando por la calle.

Estuve nadando en contra de la corriente durante 3 años, porque la empresa no terminaba de despuntar económicamente y yo me sumía en la desesperación de no encontrar una salida.

Una vez que pude reconocer que no era feliz a pesar que ese había sido mi sueño y que era yo quien necesitaba cambiar y no mi entorno. Me ocupé primero de mi salud médica, luego de mi alimentación y cuando empecé a tener más energía y vitalidad decidí vender mis acciones y desvincularme de mi empresa.

Casi te diría que fue como un divorcio conmigo misma, o al menos con una parte de mí.

Dejar la empresa me supuso en lo concreto hacerme cargo de una parte de la deuda que teníamos, y que me correspondía como socia, y ayer por fin terminé de cancelarla.

El pago mensual de esa deuda me recordaba que me estaba haciendo responsable de mi persona de una forma adulta. Y ayer cuando firmé el final de esa etapa me sentí orgullosa de haber sido coherente y fiel a mis valores, a mis creencias y sobre todo a mí misma.

Esto me hizo pensar en que las acciones en el afuera son la prueba de cuan fieles y coherentes somos a nosotros mismos.

Cuando la promesa que rompemos es para con nosotros, nos duele el alma. Nuestra confianza se ve menguada y nuestro amor propio se ve partido porque hemos sido autoinfieles. Nos hemos fallado.

SER FIEL  A UNO MISMO

Cuando hablamos de fidelidad pensamos en no traicionar a otras personas, pero también existe la fidelidad con uno mismo, la autofidelidad. Y te aseguro que es la que más nos cuesta y la que más nos duele.

Ser fiel a uno mismo significa conocernos muy bien: saber qué talentos tenemos y qué virtudes potenciar. Saber dónde somos débiles, y cómo podemos convertir esas debilidades en fortalezas. Conocer cuáles son nuestros valores, que sueños e ilusiones tenemos, y lo que nos hace resonar y explotar de felicidad.

Ser fiel a uno mismo es actuar con autenticidad en todas las actividades que desempeñamos.

Porque al abrir la caja de pandora de nuestro interior revolvemos un poco y nos vemos nuestros lados más hermosos y también los más flacos.

Y aunque ponemos todo nuestro empeño en amarnos, aceptarnos y comprometernos con los cambios que queremos, cuando salimos afuera y actuamos nos encontramos con la prueba de fuego de ser coherentes con lo que somos y nuestros valores.

¿Te acordás que unos mails atrás resaltábamos la idea de encontrar un propósito que vaya alineado con quiénes somos? Es porque a la hora de pasar a la acción sólo nos seremos fieles si ese compromiso nos pertenece de la cabeza a los pies.

¿Ahora te das cuenta porque muchos propósitos de año nuevo mueren a los dos días de haberlos puesto en marcha?

No sólo se trata de decir: “quiero bajar de peso” / “quiero apuntarme al gimnasio” / “quiero dejar de fumar” / “quiero cambiar de trabajo”

Se trata de ir más a la yogular del asunto y preguntarnos ¿Qué queremos en realidad? ¿Qué creemos que nos aportarán esos cambios? ¿Para qué los vamos a hacer?

LA CLAVE ESTÁ EN EL AUTOCONOCIMIENTO

Es muy difícil que nos seamos fieles si no sabemos quiénes somos o si no tenemos unas metas claras en la vida.

Si nos preguntamos qué es lo que hace que nuestra vida tenga sentido, la respuesta a esta pregunta está en nuestro propio interior, en el lugar donde se encuentra nuestra verdadera esencia como ser humano, nuestro yo más profundo, nuestra vocación, la fuente de nuestra vitalidad y la fuerza que nos empuja en una dirección determinada.

Si no sabemos nada sobre nosotros mismos, no podemos conocernos lo necesario, es algo así como no conocer nuestra propia identidad.

Cuando lo que hacemos con nuestra vida está de acuerdo con nuestro verdadero yo y estamos totalmente comprometidos, es entonces cuando nos sentimos más vivos y auténticos que nunca, porque nos estamos permitiendo ser quienes realmente somos y a expresarnos con toda nuestra intensidad.

Cuando comienzas a conocerte descubres tu verdadera naturaleza y vocación, y es entonces cuando actúas de manera coherente.

SER COHERENTE CONMIGO MISMO

La coherencia requiere voluntad para superar nuestro miedo a ser “diferentes”. Y también nos exige que nos conozcamos para hacernos más firmes en nuestros principios, descubriendo así su verdadero sentido y finalidad.

Cuando no somos coherentes tenemos la sensación de no estar viviendo nuestra vida.

Ser coherente es mostrar con hechos lo que decimos con las palabras que fluyen de nuestro pensamiento. Todo lo que decimos, hacemos, sentimos y pensamos debería ser exactamente igual o debería tener una relación muy estrecha, eso es coherencia.

Ser coherente con uno mismo nos traerá como consecuencia una vida equilibrada y llena de satisfacciones.
Ser coherentes entre pensamiento y acción nos ayudará a mirarnos con más autoestima.

Cada acción que llevemos a cabo nos demostrará que nos somos fieles, que nos respetamos y que nos queremos. Eso restaura nuestra confianza y nos asegura una vida más auténtica.

Te invito a seguir conociéndote para así habitarte de la cabeza a los pies.
Pregúntate de corazón si lo que estás haciendo hoy está alineado con quien eres o con aquello que quieren los demás.

Descubre tu esencia y se autofiel. 

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