Después de unas semanas sin escribirte, lo retomo hoy aprovechando que es mi cumpleaños: ¡35 añazos ya!

Y pensarás ¿a cuento de qué me escribe hoy? Así que déjame que te cuente.

Llevo unas semanas inmersa en la lectura de un libro que ha trastocado mi concepto del tiempo, equiparándolo con la palabra VIDA.

La pregunta que me hago ya no es ¿en qué quiero invertir mi tiempo?
Sino ¿en qué quiero invertir mi vida?
Y es entonces cuando las prioridades necesitan ser revisadas.

Tu tiempo y el mío es el mismo: 24 horas los 365 días del año.
La diferencia entre nosotros sólo existe cuando le asignamos un trozo de nuestra vida/tiempo a las personas, actividades, cosas o situaciones que hemos denominado importantes.

Importantes porque nos llenan, nos hacen felices, nos enseñan, nos hacen crecer, nos sostienen, nos impulsan hacia adelante y nos revelan una parte nuestra que permanecía en la sombra.

Y en este punto hice el quiebre.

Me di cuenta que estaba persiguiendo un objetivo en mi vida, al cual no le estaba dedicando tiempo/vida.
Y por el contrario, sí estaba destinando parte de mi día a cosas poco trascendentales que descuentan preciados minutos de mi vida y me alejan de lo que quiero.

Tomar consciencia de eso es un primer paso, hacerse cargo es el segundo y ACTUAR es el tercero.

Te habrá pasado más de una vez, que estás en el trabajo pensando en que no ves las horas de llegar a casa para estar con tu familia, o disfrutar de tus hijos, o estar en modo relax.
Y cuando llegas a casa te pones a hacer mil cosas, que quizás no son tan importantes, y al final no has disfrutado de aquello que te habías propuesto.

Y así un día tras otro.

Pasan las semanas, los meses y de repente estamos de vuelta con los adornos navideños, haciéndonos las mismas promesas del año pasado: cuidarnos la salud, disfrutar de quienes queremos, estudiar lo que nos apasiona, crear la empresa de nuestros sueños, viajar a esos sitios tan hermosos, dejar de fumar… pero nada cambia, porque ponemos en piloto automático nuestro día a día.

Dejamos que el tiempo/vida se nos escurra entre los dedos.

Suena a melodrama, lo sé.
Pero deja de serlo cuando nos dejamos de intenciones y propósitos y HACEMOS.

A esto quería llegar hoy:
Pasar a la acción en un día en el que me regalaron la vida.

Canela y Coco nació como un brotecito insipiente de mis pasiones dormidas, de aquellas que nadie dejó que explorase y que constituyen hoy mi energía vital:
Nutrir, alimentar, cocinar, enseñar, compartir y dar desde la salud y el amor hacia uno mismo y hacia los demás.

Hoy es una empresa viviente que cambia según voy cambiando.
Me enseña, me muestra mis puntos flacos, me da alegrías, me regala un sentido y me hace seguir presente en el hoy.

No me deja prometer nada y a la vez me permite imaginar y soñar aquello que ni siquiera sé si existe, pero siento que puedo lograrlo.

Hoy quise volver a escribirte, porque al cumplir un año más de vida, he vuelto a tomar consciencia que mi tiempo/vida tiene un propósito y Canela y Coco es parte de esa materialización.

Gracias de corazón por formar parte de mi vida/tiempo.

Somos nosotros quienes pasamos a través del tiempo.
El tiempo no existe.
Sólo existe la vida, y es la que tiene principio y final.

Reemplaza la palabra TIEMPO por VIDA y responde de corazón:
¿Puedes permitirte un segundo más estar perdiendo la vida?

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