Esta semana donde se celebra el día de la mujer trabajadora, he pensado mucho en las mujeres de mi familia, ya que todas fueron trabajadoras.

Se dejaron sus vidas en las faenas del campo, en fábricas, en la cocina y ya mi vieja o mis tías tuvieron una educación formal que les permitió acceder a otros puestos más calificados.

Pero lo que tuvieron en común todas ellas es que “se buscaron la vida”.

Mi familia siempre fue humilde económicamente y el trabajo se asoció a “ganarse pan” y a poder sobrevivir.

El trabajo tenía como disparador la necesidad, el poder dar de comer a sus hijos, el poder darles aquello que no habían tenido como una educación universitaria, y un bienestar mínimo.

A los 18 años cuando comencé a trabajar no compartía al 100% esa mirada, porque había nacido en otra época, pero sí creía que uno estudiaba, iba a la universidad, se recibía y trabajaba de eso.

Como ves el motivo seguía siendo el mismo: trabajar por un intercambio de dinero, ya sea para otro o para uno mismo.

Tal es así que, a los 30 años, como emprendedora, abrí una Agencia de Publicidad a 14.000 km de mi país y luego de remarla literalmente durante 3 años, tuve el valor de sincerarme y darme cuenta que no era feliz.

Estaba en un lugar que había querido, deseado y con el que había soñado pero no era feliz, porque al trabajo y a los títulos y a la energía le faltaba una parte super importante: YO MISMA.

Empecé a indagar sobre qué encerraba el término trabajo y me propuse encontrarle una vuelta, otra forma de verlo y vivirlo. Porque trabajar sólo por un intercambio de dinero te deja vacía, no hay esencia en lo que haces y no hay vida latiendo.

En mi búsqueda comprendí que uno es feliz cuando transforma el talento que tiene, aquel que le sale innato y disfruta de hacer, en un servicio que ofrece a los demás y que se origina desde quien uno ES.

Es evidente que uno tiene que cubrir sus necesidades básicas, pero voy más allá.

Nuestras abuelas no tuvieron la posibilidad o no supieron cómo atravesar la barrera meramente económica del trabajo. Sin embargo, hoy somos afortunadas, aunque nos quede mucho camino por transitar y muchos muros que derribar.

La mujer desde su lado más femenino, conectado, creativo, más humano, dador y gestor de vida, tiene mucho que aportar siempre y cuando lo haga desde su pasión, desde lo que trae adentro, desde el amor básicamente, y no desde “no tengo para comer”.

Trabajemos para nosotras o para otros, el quiebre se produce cuando descubrimos cuál es nuestra pasión, aquello que nos mueve a la acción desde las entrañas y lo ponemos al servicio de los demás. Esa una manera de honrarnos como personas y como mujeres.

Esta es la mirada que más me llena de ser mujer trabajadora, conectarme con mi pasión, con quien soy de verdad, para poder abrirme y ofrecerlo a los demás.

Hoy no concibo la vida sin ofrecer aquello en lo que vibro porque entonces todo pierde el sentido.

Hoy mi invitación, a las mujeres que forman parte de esta comunidad, es a que prestemos atención dónde estamos vibrando y qué talento hemos traído para ofrecer a este mundo.

Porque si todas trabajamos desde ahí, un hilo invisible llamado PASIÓN nos hará conectar unas con otras.  Y esa unión, yo creo que tiene la potencia suficiente como para generar verdaderos cambios y revoluciones, permitiéndonos alcanzar mejores condiciones sociales y laborales.

El reto no empieza fuera, sino dentro.

Las revoluciones y los cambios no se dan fuera si antes no lo hemos creado dentro.

Abrázate a tu pasión y si no sabes qué te mueve, descúbrelo, aunque tengas 80 años.

Porque es desde ahí donde vos, yo y todas las mujeres estaremos conectadas y podremos cambiar el mundo.

FELIZ DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA Y APASIONADA 

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