Cuando estoy con mucho trabajo voy de un lado para el otro con la cabeza pensando en mil cosas, y me cuesta crear espacios de calma y quietud en los cuales escribir.

Y es que cuando te escribo lo hago desde mis entrañas, desde mi corazón y con todo mi ser: soy así de visceral.

Los temas de los que hablamos casi siempre me tocan en lo más profundo y me emocionan hasta las lágrimas. Porque comparto cosas que me han pasado o que he tenido que resolver por si ellas resuenan en tu interior y lo que te cuento puede servirte de ventana.

Y para conectar con esas vivencias necesito silencio y espacio donde puedan aflorar esos sentimientos que se convierten en palabras con sentido y vida propia. Hoy lo he conseguido y aquí estoy a tu lado.

Hace unos días hablando con unas personas sobre el tener hijos, me decían: “mis futuros hijos tienen un 60% de tener mi enfermedad” y yo pensaba en que la genética es una carga pero no es la que determina como un ladrillo nuestro futuro.

Por suerte para nuestra especie, si bien genéticamente somos información que va bajando desde nuestros ancestros, en estos últimos años la visión casi aplastante que los genes condicionarían nuestro futuro ha dado paso al concepto de Epigenética; que nos dice que aunque los genes no cambian, el entorno en el que nos desarrollamos modifican la forma en que se expresan esos genes, dejándonos un margen de responsabilidad y acción sobre nuestros actos.

Lo que más me gusta de esta nueva corriente científica es saber que las futuras generaciones no recibirán únicamente el material genético, sino también el impacto del entorno sobre esos genes.
Y el embarazo es el momento clave en el que empezará a definirse la programación genética de la nueva vida.

Traducido al criollo, la carga genética son diferentes puertitas dentro nuestro y nosotros con nuestros actos cotidianos tenemos las llaves para abrirlas. Lo bueno sería abrir aquellas puertas que son provechosas y no abrir jamás aquellas que en su puerta tienen el cartel de “diabetes” “fibromialgia”, etc.

Cuando en una charla de nutrición evolutiva nos hablaron de este concepto aluciné y a la vez fue un duro golpe de realidad. Me hizo tomar consciencia que si yo quería cambiar el estado en el que estaba de salud, no podía seguir echándole la culpa a mis genes, a mis ancestros o a mis padres por lo que no hicieron o por lo que sí hicieron.
En mí estaba el poder de cambiar mis hábitos, mi entorno, mis relaciones y mi interior para que las puertas que tenían todos los números de ser abiertas y que no interesaban se quedasen cerradas.

En mi familia hay un puñado de diabéticos tipo I y tipo II, yo heredé esa carga genética y si bien no tengo diabetes tengo resistencia a la insulina, es decir la antesala a la diabetes.
Decidí tratarme cambiando la alimentación y haciendo deporte para ayudar a los receptores de las células a funcionar correctamente. No concibo cruzarme de brazos y dejar la responsabilidad de mi salud en manos de los genes alimentando aquellos que se encargarán de mermarla.

Me aferro a la epigenética que apela a mi responsabilidad preguntándome qué cosas puedo hacer, modificar y cambiar en mi entorno que me acerquen a una Laura dentro de 5 años con vitalidad, energía y en equilibrio.

Lo que hacemos hoy tiene implicancias en el futuro y eso aplica a quien hoy está embarazada, a quien hoy ha pensado que le gustaría ser madre, a quien hoy no se encuentra en su estado más óptimo de salud, a quien hoy tiene niños en edades tempranas, en definitiva a todos.

Todos podemos revisar donde estamos hoy, donde queremos estar dentro de 5 años y ver si lo que hacemos en cuanto a comida, deporte, amistades, trabajo, espiritualidad nos acerca o nos aleja de esa visión y CAMBIAR.

La evolución de la especie es un fenómeno que siempre me maravilla. Pero lo que más me deslumbra es que hay una brecha abierta o más bien una invitación a ser partícipes cada día en esa evolución.

El cuerpo te dice: ¡Esto es lo que hay amigo!
Esta es tu carga genética. ¿qué vas a hacer con ella?

Puedes rendirte y dejar que se abran todas las puertas si sigues como hasta ahora o bien puedes usar tu inteligencia y abrirlas estratégicamente.

La responsabilidad es enteramente tuya:
TU YO DE HOY ES QUIEN CONSTRUIRÁ TU YO DE MAÑANA.
¿Cómo eliges construirte?

Te dejo la pregunta abierta para que en tu interior encuentres la respuesta.

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