Si me hubieran preguntado hace unos años si me apuntaba a correr una carrera de 5 km hubiese dicho que no de manera rotunda, refugiándome en que eso no era para mi, que correr igual no me gusta mucho.

Pero la verdadera razón por la que no me hubiese apuntado era porque no me creía capaz, porque creía que si corría tenía que ser para ganar y claro si no ganaba entonces se ponía en evidencia que no era la mejor. Todo esto producto de mis pajareras mentales, pero que yo vivía como una realidad.

Desde el año pasado junto a un grupo de gente con mucha pila y garra de mi gimnasio empezamos a hacer entrenamientos de alta intensidad y luego la profe que es una “culo inquieto” (de manera positiva y cariñosa) nos comenzó a dar clases bien cañeras de crossfit y algo hizo click adentro mío.

Cuando comenzó a anunciarse la Spartan Race una de las tantas carreras con obstáculos que se corren desde hace tiempo,  el grupo se revolucionó y empezamos a preguntarnos unos a otros si nos apuntábamos, si la correríamos, si nos animábamos.

Y yo me volví a sumergir en mi micro mundo de miedos y pajareras mentales y aunque me moría de ganas por lanzarme a la aventura, cuando me preguntaron dije que no con la excusa del dinero y tan pichi me quede ahí lamiéndome mis heridas.

Pero una de las chicas del grupo me animó y me dijo: “quedan 4 meses para entrenar y ponerse a tope y podemos conseguirlo!” y sus palabras volvieron a ilusionar la parte de mí que sí quería aventurarse, que sí quería probar, que sí quería hacerlo fueran cual fueran los resultados, porque ¡BASTA YA! de seguir sumida en mis miedos.

Y entonces dije SÍ, di el paso y con el corazón a reventar me apunte a la correr la SPARTAN RACE de 5 Km.

En estos meses que he estado entrenando con mis compañeros, me he dado cuenta que este desafío que me he propuesto trasciende los límites de lo meramente deportivo o físico: no tiene que ver con la cantidad de peso que pueda levantar, ni con la cantidad de repeticiones que pueda hacer o si he alcanzado el menor tiempo o más cantidad de rondas.

He descubierto una manera de desbloquear los muros que mis creencias limitantes construyen, porque todas las clases tienes nuevos ejercicios que aprender y para poder hacerlos primero he tenido que vencer el miedo a fallar, la vergüenza de no saber hacerlo, callar la voz interna que me repite que no seré capaz y escuchar las indicaciones que sí me ayudarán a conseguirlo.

He aprendido a respetar los ciclos de MI aprendizaje, porque cada ejercicio tiene una progresión, y a veces algo me sale a la primera y otras me tiro varias clases hasta que puedo hacerlo.

Me he dado cuenta que PUEDO hacer lo que me proponga, pero no sólo por cabezonería sino porque lo intento una y mil veces hasta las lágrimas buscando mi propia forma, ritmo y estilo.

Me he venido arriba cuando de la mano de mis compañeros he recibido palabras de ánimo y aliento diciéndome que podía hacerlo, que no me rindiera, que siguiera adelante, que aún podía dar un poquito más. Y me he dado cuenta lo necesario e importante que es contar con un entorno que crea en mí más allá de todo.

He descubierto la cantidad de límites que a diario me pongo simplemente por tener miedo a no ser lo que los demás esperan que sea. Y la cantidad de excusas que me cuenta mi mente para quedarse con la razón.

Me he maravillado cuando me he visto haciendo aquello que nunca creí poder hacer porque lo había relegado a los atletas de élite. Porque cuando lo estás haciendo y te das cuenta que sos vos quien está ahí la sensación de placer es enorme.

He experimentado una montaña rusa de emociones: la RABIA de no conseguirlo me ha hecho practicar y practicar con más intensidad hasta poder sortear el MIEDO que muchas veces sólo estaba en mi cabeza o estallar en LAGRIMAS cuando aún practicando las cosas no salían. Y cuando lo consigues, la  FELICIDAD es indescriptible, porque la protagonista he sido yo de mi propia decisión, trabajo y esfuerzo y ese instante es una CHISPA que te quema por dentro.

He empezado a creer en mí de una manera diferente, porque sé que si he podido dar este paso las cosas IMPOSIBLES han dejado de existir y serán POSIBLES cuando yo no sólo lo disponga sino me ponga manos a la obra.

Escribo esto a cuatro días de correr la carrera porque hoy después de reflexionar sobre este regalazo de aprendizaje, la preparación para la carrera ha sido el verdadero reto y no los resultados que marque la tabla de posiciones.

El domingo iré a correr la carrera para disfrutar y festejar en cada metro y en cada obstáculo todo lo que he aprendido de mí.

Y lo más importante: no corro sola, mis compañeras “del grupo de las 4 fantásticas”, que han sido parte del motor de arranque y el combustible muchos de mis días, estarán al lado mío para que podamos ayudarnos y alentarnos y por fin CRUZAR LA META!

¿Has vivido alguna experiencia que te haya permitido atravesar tus creencias limitantes? ¿Cómo te has sentido?

Te leo en comentarios,

Laura