Todo comienza con un deseo muy sencillo:
Quiero recuperar mi salud, me quiero sentir mejor, quiero bajar de peso, quiero poder caminar y que no me duelan las rodillas, quiero tener más energía, quiero dormir mejor, etc.

Pero cuando salimos fuera a buscar Info nos parece que ese objetivo sencillo inicial se ha transformado en escalar el Everest sin oxígeno.

Que compremos todo ecológico, que comamos sin gluten, que todo tiene azúcar, que no compremos en supermercados, que veamos de dónde vienen los pescados, que ojito con la carne hormonada. Buffff!!! Vaya marronazo en el que nos hemos metido…. Y nosotros que sólo queríamos comer bien.

Si partimos de la cesta de compra que tenemos hoy a la cesta ideal de compra y pretendemos un cambio radical, se nos abrirá un abismo que sólo nos invitará a quedamos sin hacer nada.

Cuando cocino a mis clientes con el servicio de Tu Menú Saludable, lo concreto es que las personas compran donde pueden, donde tienen tiempo, donde el bolsillo se lo permite. Porque simplificarse la vida, también es un punto importante en este cambio que queremos.

Cuando queremos cambiar nuestra alimentación, entre que quizás no sabemos por dónde tirar y encima no sabemos a qué rayos sabrán esos productos que no hemos comido nunca en nuestra vida, nos echa para atrás saber que invertiremos un dinero al que quizás no le sacamos provecho por no saber cómo usarlo o porque no nos guste.

Lo interesante, si nos hemos propuesto cambiar nuestra alimentación, es comer comida real, alimentarnos de forma más nutritiva, saludable, hacer elecciones de compra, de alimentos y de menúes que sean sostenibles en el tiempo.

Esto significa: Sostenible para nosotros y nuestra familia, para nuestra economía personal o familiar, para nuestro ritmo de vida, y para nuestros tiempos.

Si yo me planteo un cambio drástico, de un extremo a otro, seguramente que ese cambio me cueste muchísimo, lo hagamos un día, una semana, y luego lo abandonemos.

La clave es ponérmelo fácil, pensando ¿cómo puedo favorecer a mi salud?

Si nos queda más cerca comprar en el super de la vuelta, compremos ahí.
Elijamos comida real, aunque la compremos en el super.
Quizás no es la opción más respetuosa con el medio ambiente, con los productores locales o con la economía, pero también es verdad que antes que comer bollos o comida procesada, ese cambio al menos ya es un gran paso.

Te aseguro que, con el paso del tiempo y una nueva toma de conciencia, sí que podremos consumir otros productos o elegir otros sitios donde comprar.

Pongámonos las cosas fáciles, hagámonos la vida fácil.

En un primer paso, lo que no podemos pretender es pasar de una situación A a una situación Z a lo bestia porque no va a ser sostenible ni duradera en el tiempo, nos vamos a sentir frustrados, vamos a autoboicotearnos y a tirar la toalla.

La primera decisión que tomé cuando elegí, por salud, dejar de consumir gluten, lácteos y azúcar, fue ponérmelo fácil y buscar un punto medio.
Ya me suponía un esfuerzo grandísimo dejar de comprar ciertos productos y pensar qué nuevos menús preparar en casa, así que a cambio la compra la haría donde pudiera procurando que todo fuese materia prima y nada de procesados.

Si nosotros eliminamos o restringimos determinados alimentos de nuestra vida porque nos sientan mal o nos inflaman, está bueno pensar que la salud no es solamente lo que comemos sino también el estado emocional en el cual comemos esos alimentos.

Y si para nosotros salir fuera es un estrés, o cada vez que nos juntamos con nuestros amigos es una situación conflictiva para ellos y para nosotros y nos sentimos mal ¿Qué sentido tiene nuestro cambio?

El cambio de alimentación tiene que ir de la mano con un cambio de vida que tenga que ver con quien uno es y el objetivo que quiera alcanzar.

Creo que de nada me sirve comer todo ecológico, para luego estar estresado y que lo que coma me caiga como una patada en las p****** porque entonces ¿qué sentido tiene la inversión que he hecho?

Ten en cuenta que cada cambio que hagamos en nuestra alimentación tiene que sostenerse en unos valores.

En casa los valores son: que sea sostenible en el tiempo para mí y mi pareja, que sea sostenible para mi bolsillo, y que sea sostenible para mi salud entendida desde todos los prismas y no solamente desde lo que como. Porque de lo emocional nos alimentamos, vivimos y nos genera o no un estrés en el organismo.

Procuremos hacer las cosas acordes a nuestra vida, amoldemos las circunstancias y nuestras decisiones y no perdamos de vista cuál es el objetivo.

El objetivo es que nos queremos sentir bien, nos queremos sentir más sanos, nos queremos sentir con más energía, nos queremos sentir más felices, nos queremos sentir menos inflamados. ESO ES LO QUE QUEREMOS.

Entonces busquemos de qué manera traducir ese objetivo, en un reto que podamos hacer posible todos los días.

Para eso tenemos que revisar quiénes somos hoy, qué hacemos hoy, qué decisiones tomamos hoy, cuáles son nuestros ritmos, de qué tiempo y dinero disponemos, cuáles son nuestras prioridades, qué cambios estamos dispuestos a dar y a partir de ahí decidamos qué hacer con nuestra alimentación.

Los pequeños pasos cuentan. Tienen un valor incalculable.
El valor está en la medida de lo que nos ha costado dar el primer paso.

No te compares y abraza tu valentía.
Y sobre todo: PONTELO FÁCIL.
Porque si no, el cambio no es posible.

¡Gracias de corazón!

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