Si no estás a punto de preparar la maleta y poner el modo relax on, seguro que poco te falta.

Así que estas semanas te propondré que reflexionemos sobre algunos hábitos que adoptamos en vacaciones y que estaría bueno, al menos esta vez, permitirnos actuar diferente.

Me apuesto la cabeza que, al menos una vez en este año, de tu boca ha salido la frase: “No veo las horas que lleguen las vacaciones para desconectar, estar a gusto y no pensar en nada”.
Todos tenemos días en los que estamos hasta las narices y en las vacaciones parece estar la solución a todos nuestros males.

Total que llegan las “ansiadas” vacaciones y de repente:
HAY QUIETUD
NO HAY RUTINAS
NO HAY JEFES, NI TRABAJOS

Nos encontramos frente a frente:
Las vacaciones, nosotros, los mil planes que imaginamos para “nuestro tiempo libre”… y VACÍO, MUCHO VACÍO.

Cuando nuestra rutina hace un stop, dejamos de vivir en automático y tenemos más tiempo para pasar con los demás y con nosotros mismos.

Cuando hay silencio, nuestra voz interior nos recuerda lo anestesiados que estamos y se pone a gritarnos a viva voz todo lo que se había callado:

  • Trabajas mil horas en un sitio que no te gusta y en el que te tratan fatal.
  • Haces un trabajo con el que no te identificas ni te apasiona.
  • Te estás perdiendo de disfrutar un tiempo valioso junto a tus hijos.
  • No le amas, ¿por qué sigues a su lado?
  • Tenías tantos proyectos ¿Por qué los postergas?
  • Todo lo que te prometes, lo dejas archivado.

Y estas preguntas duelen. Duelen mucho.

El vacío se torna insoportable, y a falta de respuestas sinceras y conectadas con nuestra esencia, salimos corriendo a llenarlo con:

  • Horas muertas con el móvil
  • Horas de series sentados en el sofá
  • Comida a granel y no precisamente sana
  • Copas, copitas y copazos

Si te fijas en las vacaciones parece que todo desfase está permitido.
Normal. Ante un panorama desolador, más nos vale encontrar la felicidad aunque sea en cosas externas. Sino ¡apaga y vámonos!

Salimos corriendo a buscar experiencias que nos ayuden a generar dopamina, que es la hormona de la felicidad.
Si hemos aguantado un trabajo de m**** durante todo el año, más vale que el premio sea gigante.

Mucho helado. Mucha cerveza. Mucha fiesta. Mucha comida.
CUANTO MÁS, MEJOR, ¡que nos lo merecemos!

El problema de este tipo de felicidad es que es momentánea y está puesta en el exterior. Es como una llamarada: se enciende un segundo, nos abrasa y nos deja llenos de cicatrices.

Somos muchas las personas que llenamos nuestras frustraciones y ansiedades con soluciones externas.

Así que si después de tus vacaciones volvés con unos kilos de más, en vez de enfadarte y prometerte una vez más que vivirás a espinacas hervidas por el resto de tu vida, pensá que son el reflejo del cambio que necesitas y que sólo vos podés hacer que suceda.

La magnitud de nuestro desfase es proporcional a lo alejados que estemos de lo que somos y queremos.

Piensa que al regresar a tu rutina, todo aquello de m**** que no te gusta de vida seguirá estando, por muchos helados que tengas en tu haber.

Hoy quiero darte unas ideas para que des un primer paso en pos de tu bienestar y que puedes empezar a hacer mañana porque sólo necesitas una sola cosa: A VOS MISMO.

Camina un rato al sol y absorbe su vitamina D.
La exposición al sol estimula los neurotransmisores que controlan nuestro estado de ánimo, los días soleados nos animan y nos dan más alegría. Utiliza esta fuente de energía gratuita para “recargar tus pilas”.

Disfruta de la buena compañía.
Reúnete con quienes quieres. Escucha lo que tienen para contarte, quizás sus experiencias te abran ventanas que creías cerradas y que pueden darte ideas para solucionar aquello que te preocupa.

Transita el tiempo lentamente.
Come disfrutando de aquello que va a alimentarte. Hazlo lento, saboreando cada trocito.
Observa un atardecer en todos sus matices de colores: en la playa, en una plaza, un el balcón de tu casa.

Déjate sorprender.
Por un libro, la historias de un lugar, las vistas, tus hijos, simplemente por la vida.

Aléjate del ruido.
Permanece en tus pensamientos, aunque duelan y no puedas resolverlos ahora.
Déjales estar allí, que cuando menos te des cuentas encontrarás un cauce.
Pero no les tapes con ruido.

Entrégate al sueño profundo y reparador.
Ya sé que estás de vacaciones y que quieres hacer todo lo que no has hecho en el año.
Pero tu cuerpo necesita reponerse.
Regálate el descanso que vienes postergando.

Diviértete.
Ríe mucho, fuerte, a carcajadas.
Rodéate de personas con las que compartas un momento de diversión sana y verdadera.

Abraza y besa.
A tu gato, a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos, a un extraño.
Conecta con los otros y abandónate a sentir su corazón latiendo, las lágrimas calientes, los labios húmedos, las manos firmes, el calor corporal, el compás de la respiración.

Guarda en el baúl de tu persona todos estos tesoros,
verás como son los superpoderes que usarás cuando la rutina quiera vencerte.

En estas vacaciones: Quiérete, ámate con todas tus fuerzas.

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