Hace una semana que mi hermano ha dado el SÍ QUIERO por los juzgados del otro lado del charco en mi argentina querida.

Esta vez no he estado presente, aunque a fin de año que será la boda por la iglesia, sí tengo planes de acompañarlos.

La ceremonia íntima la hicieron en el patio de la casa de mis padres, pero montada a tutti plen con carpa, sillas decoradas y silloncitos. Mi cuñada tiene muy buen gusto y quedó todo sencillo, fresco y super bonito.

En argentina se acostumbra a celebrar algunos eventos “a la canasta” donde cada persona contribuye con algo.
Como en casa la cocina es punto de encuentro, reunión y disfrute, cada uno hizo su aporte: empanadas, bocaditos salados, la tarta de novios, sorbetes y más cosas ricas.

Y mirando de lejos la celebración gracias a la tecnología y con un poco de nostalgia por no estar allí, en el cuerpo me habitaba la emoción de reconocer en mí tesoros familiares.

Cocinar para otros con amor y dedicación nos atraviesa como familia.

Nuestra vida se ha forjado alrededor de la mesa: con silencios, comidas ricas, lágrimas atragantadas, puestas en común, discusiones acaloradas, opiniones, risas y planes.

La mesa y la comida nos unía y nos sigue uniendo invitándonos durante un tiempo a permanecer juntos, mirarnos a los ojos y compartir con quienes queremos trocitos de quienes somos.

Hace algunos días mientras cocinaba en la casa de uno de mis clientes de Tu Menú Saludable, vino un amigo suyo a visitarle y apenas entró dijo: ¡Huele a hogar! Y me emocioné sintiendo que el tesoro de transformar los alimentos en platos nutritivos está en mi sangre y lo he heredado de mis abuelos, mis tías y mis padres.

Aquello que se nos da bien y que es un talento que atesoramos dentro, a veces es tan obvio, tan simple y tan cotidiano que nos olvidamos que lo tenemos. Lo normalizamos creyendo que a todos se les da bien.

Me ha llevado mucho tiempo hacer las pases y abrir el corazón permitiéndome aceptar que en mí hay trocitos de otros, y que yo con mi hacer a través de Canela & Coco le he dotado de mi personalidad pero no sería posible si esa herencia no me recorriera la sangre.

Viendo las fotos de los preparativos, escuchando a mi papá decir que estaba “cortando salame” (chorizo), viendo a mi mamá preparar la tarta con entusiasmo como si fuera su boda, cotilleando con mi hermana sobre el relleno de las miles de empanadas que hizo y disfrutar con los atrevimientos gourmets de mi hermano, una emoción de agradecimiento se apoderó de mí.

Pude ver y sentir el reflejo de cada uno de ellos en mí.

Y comprendí que cuando voy de cocina en cocina picando cebollas, troceando zanahorias, horneando brownies no estoy sola, me acompaña la sabiduría ancestral de los que fueron y que siguen vivos en mí.

Hoy te invito a que abras el corazón y te des permiso para emocionarte.
Que dejes a tus talentos salir a la superficie y sientas agradecimiento por aquello que guardas dentro tuyo como tesoro.

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