A raíz de que algunos amigos y personas de mi entorno están constipados (acatarrados) quería compartirte algunas ayuditas naturales a las que puedes recurrir para devolverle al cuerpo su potencia y acompañarlo en el proceso de sanación en el que se encuentra.

Mientras escribía el listado con las sugerencias, se me vino a la cabeza una pregunta que te comparto: si hay tantos virus dando vuelta por ahí ¿Por qué se enferma una persona y la de al lado no? ¿Qué tiene de particular esa persona o más bien qué tiene de diferente?
Y las respuestas aparecían por diferentes lugares pero llegando casi a tocar el mismo punto: la clave está en cómo se encuentra cada uno teniendo en cuenta lo emocional, lo físico y la alimentación.

Una gripe o catarro (con sus síntomas variados de fiebre, mocos, tos) es una manifestación del cuerpo para contarnos algo de nosotros. El cuerpo no puede invitarnos a un café para decirnos “tenemos que hablar”, como haríamos con un amigo, nos avisa con una serie de síntomas.
Por eso está bueno que pensemos con el corazón y la mente abierta en qué momento aparecieron esos síntomas. ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo me sentía? ¿Estaba pasando por una situación de estrés? ¿Estaba tan a mil que no me daba cuenta que necesitaba parar? ¿Hubo algún cambio en mi vida? ¿De qué necesitaba huir desesperadamente?

Las emociones se encuentran íntimamente relacionadas con aquellas enfermedades que se manifiestan en nuestro cuerpo. Cuando padecemos algún tipo de gripe, catarro, resfriado, suele ocurrir que alguna situación de nuestra vida, nos tiene “hasta las narices” y nos está produciendo enfado y esa rabia se acaba manifestando en nuestro cuerpo. La rabia al igual que un disgusto provoca el debilitamiento del sistema inmunológico y por tanto tenemos mayores posibilidades de enfermar.

Otro punto interesante a considerar es que hay síntomas/enfermedades que por un lado nos impiden hacer aquellas cosas que nos gustan y por el otro puede que nos obliguen a hacer lo que no queremos hacer. Por ejemplo si tenemos gripe, tendremos que decir que no a alguna invitación o compromiso (impedimento) y nos tendremos que quedar en la cama a descansar (obligación). Así la enfermedad cobra sentido y propósito. Si sos una persona inquieta, descansar y quedarte en la cama es algo que no lo harías a menos que te encuentres tan mal que no puedas ni moverte.

Una reflexión interesante que también me viene es que en nuestra sociedad estar enfermo no es mirado con buenos ojos y en el acto tendemos a acallar los síntomas con paliativos que los silencien para que nos estorben lo menos posible; por ello la enfermedad es lo que nos posibilita retirarnos a nuestra cobacha con un “justificativo” que también nos habilita al descanso que quizás necesitamos y a los mimos que no nos animamos a pedir a quienes nos rodean. Nos traen el té a la cama, nos llaman para preguntarnos cómo estamos, nos abrazan… somos especiales. Por medio de la gripe el cuerpo dice: “Ya no puedo más”. La enfermedad nos devuelve la sinceridad, expresa nuestros verdaderos deseos y necesidades.

Y por último considerando los alimentos como una parte más de todo este combo, si nuestra alimentación viene siendo pobre de nutrientes: alta en harinas refinadas, azúcares, grasas poco saludables y alcohol. Nuestro sistema inmune se encuentra teniendo que resolver una inflamación crónica y llega un punto que el bicho le gana la batalla, porque efectivamente no puede con todo. Hemos contribuido con nuestros hábitos de alimentación, quizás de manera inconsciente, a que ese virus campe a sus anchas en nuestro cuerpo.
Digo de manera inconsciente porque a veces entramos en un círculo del que no somos capaces de salir, te pongo un ejemplo: si en nuestro trabajo no nos encontramos a gusto y cada mañana cuando nos preparamos para salir nos sentimos que vamos a un campo de tortura, sintiéndonos además infelices por no vislumbrar una solución, estamos generando muchísimo estrés. Y todo este estrés que estamos viviendo nos resta energía, por lo que probablemente tengamos menos ganas de cocinarnos y recurramos a comer fuera o a buscar en la comida la recompensa que no estamos obteniendo de nuestro trabajo. Como no nos alimentamos bien, nuestra energía es aún más escasa, por lo que no queremos hacer una actividad física y nos encerramos. Hemos entrado en un círculo del que nos está costando salir, y la enfermedad puede que nos devuelva la oportunidad para comenzar de cero. Es una manera que tiene tu cuerpo de purificarse, liberándose de productos químicos de la comida, bebida, aire etc. que ingieres. Es una oportunidad para descansar y dejar que tu cuerpo se regenere.

El bichito de la gripe puede que se nos cuele a través de nuestro sistema inmune o bien porque nuestra alimentación no es la adecuada, o porque emocionalmente nos encontramos con algún desajuste, pero ten en cuenta que siempre es una oportunidad para que te preguntes ¿qué me está queriendo decir mi cuerpo con esta gripe? En lugar de creer que es el único modo de huir de una situación o de una persona, te ayudará ser consciente de lo que te sucede y cambiar tu actitud interna. Al ser conscientes adoptamos un papel de responsabilidad sobre aquello que nos preocupa y dejamos de poner el foco en el afuera victimizándonos. Al ser responsables tenemos el poder de cambiar a veces la situación y en otras el cómo sentirnos frente a esa situación que no podemos cambiar (de momento).

Igualmente cuando estamos atravesando un proceso de gripe aparte de mimos y de revisar nuestro interior queremos sentirnos mejor, así que te sugiero algunas ayuditas naturales que acompañarán al cuerpo de manera amorosa en esta comunicación que ha establecido con nosotros.

  • Sopa de gallina, caldo de vegetales caseros (receta aquí)
  • Líquidos durante todo el día.
  • Minimizar trigo, lácteos y azúcar refinadas (ya que generan mucha mucosidad)
  • Tomar o comer piña sobretodo con el corazón que es donde se concentra la enzima bromelina que actúa como expectorante.
  • Baños de vapor con aceite de eucaliptus o menta
  • Aceite de orégano tópico (coloca un par de gotitas en las plantas de los pies antes de dormir y cubrirlas con medias)
  • Echinacea (fortalece sistema inmune, viene en cápsulas, gotas o en polvo y la puedes comprar en herbolarios o farmacias homeopáticas)
  • Uña de gato (hierba antiinflamatoria para preparar infusión)
  • Sauco (hierba que fortalece sistema inmune y el respiratorio)
  • Cebolla morada o ajo picadito con miel, limón y cayena o jengibre si es posible (picado todo en un mortero y se puede comer a cucharadas)
  • Cortar un pedazo de cebolla fresca y poner al lado de la cama.
  • Paciencia, descanso, tranquilidad, mucho cariño y atención.

También puedes preparar un chupito tipo jarabe para beber 3 veces al día hasta que te sientas mejor:

– Zumo de 2 limones

– 1/8 cucharadita de cúrcuma en polvo

– 1/4 cucharadita de jengibre en polvo

– una cucharadita de miel “cruda” (sin calentar ni filtrar: eso la arruina y convierte en pura azúcar y lo sanador de ella son las enzimas!)

– 5 gotitas de aceite de orégano

– 1/4 gotero de extracto de equinacea

– una pizca de pimienta negra o de cayena

Una gripe tiene su propio proceso, y dependiendo de la persona necesitarás más o menos días para recuperarte. No quieras acelerar ese proceso, respeta el tiempo que tu cuerpo necesita para reestablecer el equilibrio que ha perdido y sobre todo abraza y celebra la capacidad que tiene de comunicarte que algo no va por buen camino y necesita que muevas alguna ficha.

Ahora es tu turno de mover fichas en pos de tu salud.
Nos leemos y saboreamos pronto!

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Laura

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