Te escribo desde mi cama porque el refriado se ha apoderado de mí y me tiene sumida en una montaña de pañuelos.

Aún así no quería faltar a mi compromiso semanal para seguir hablando de este propósito que empezamos a comienzo de año: Reducir el consumo de azúcar.

Tranqui, que no voy a darte la lata con lo mismo todo el año, hablaremos de más hábitos que podemos incorporar a nuestra vida y que nos devolverán salud y bienestar. Acciones sencillas y prácticas de utilidad diaria.

Refresquemos las que tenemos hasta ahora en cuanto a reducir el consumo de azúcar:

  • Reorganiza la compra, procurando que el 80% sean productos frescos sin preparación: frutas, verduras, huevos, pescados, carnes sin estabular, frutos secos naturales, granos y cereales.
  • Lee las etiquetas: para tomar una decisión consciente de consumo.
  • Acostumbra el paladar a los sabores naturales sin alterar: lo amargo es amargo, lo dulce es dulce.
  • Elimina el consumo de azúcar en formato líquido: con esto me refiero a zumos empaquetados, alcohol, refrescos, bebidas saborizadas, etc.

Tomar consciencia de cómo el azúcar, que no es un alimento pero sí una sustancia que nos crea adicción, la está en toda clase de productos me parece un interesante punto de partida. Es una forma de “contarnos verdad” para saber dónde estamos parados.

Ahora bien, echar balones fuera del tipo: “es que los gobiernos…” “es que las leyes de etiquetado…” “es que este país…” no nos conduce a nada.
Es como darte cuenta que estás perdido en el desierto, te enfades y despotriques contra las leyes de camino y señalización. Te aseguro que eso no te ayudará a encontrar el camino de vuelta.

HAY QUE PONERSE EN ACCIÓN Y TOMAR DECISIONES

Empieza por las que menos te cuesten o por las que te sean más sencillas de sostener en el tiempo.

Mi primer paso fue la compra, aquello que no entraba en casa no se consumía. Así de sencillo.

Y este paso condujo a tener que implicarnos más en la cocina. Pero nada de complicaciones, sino que por ejemplo en vez de un sándwich que parece lo más rápido, lo reemplazamos por una ensalada, una crema, unas verduras a la plancha.

Los tentempiés pasaron a ser frutas, frutos secos, huevos y tortillas con verduras.

Los primeros días te da una especie de “mono adictivo” parece que lo dulce te llama y como tenemos atención selectiva estamos más al loro.

Para esos momentos:
AGUA, DESCANSO Y ATENCION A LAS EMOCIONES.

La deshidratación puede manifestarse como hambre. En algunas ocasiones creemos estar hambrientos cuando lo que en realidad tenemos es sed. A veces es suficiente con que nos tomemos un vaso con agua para que el deseo por algo dulce desaparezca.

La falta de sueño ocasiona que nuestros niveles de leptina y grelina, hormonas que regulan nuestro apetito, se vean afectadas. Es común que después de una noche de mal dormir nuestros antojos se disparen, tengamos deseos por comer algo dulce.
Cuando el azúcar entra al torrente sanguíneo se convierte en glucosa, uno de los combustibles de nuestras células, aunque no el más interesante evolutivamente. Por eso al consumir carbohidratos, especialmente simples tipo bollería, sentimos un aumento casi inmediato de energía y el cuerpo lo sabe, por eso es de vital importancia dormir y descansar lo que necesitemos.

¿Ansias? ¿Aburrimiento? ¿Estrés?
Todo esto puede causar “apetito emocional”.
Cuando estamos de bajón las ganas de comer algo dulce aumentan, ya que el azúcar libera endorfinas, lo que nos hace sentir contentos y relajados.

Debemos aprender a identificar qué sentimientos nos causan estas reacciones y comprender que la comida no es la solución. Lo que sea que nos falta o estemos buscando no se encuentra ahí.

Hacer ejercicio o meditar diariamente, tener una relación de pareja sana o un trabajo que nos guste, nos hará sentir satisfechos y tranquilos, y por ende mantendremos controlado nuestro apetito.

Con el paso del tiempo nuestro cuerpo se va liberando de esta “necesidad” que parece dominarlo, y empieza a disfrutar de los sabores verdaderos.

Y llega ese día en que te sirven una tarta de cumpleaños elaborada con productos procesados, pruebas un bocado y dices: ¡Esto está extremadamente dulce! Y necesitas beberte casi un litro de agua del tirón. Tus hormonas se han regulado, tu paladar reeducado sabe distinguir un sabor natural de otro químico y te lo indica.

Por eso tienes que tener paciencia e ir dando pasos firmes y que puedas sostener en el tiempo. El cuerpo es sabio y cuando lo mimamos un poco, lo escuchamos y trabajamos para recuperar su salud, te lo agradece más rápido de lo que creemos.

Como te decía antes “CONTARNOS VERDAD” sobre nosotros y nuestros hábitos de consumo nos llevará a tomar mejores decisiones.
En casa yo no soy muy dulcera, pero de vez en cuando me gusta comer una porción de tarta, o unas tortitas.

Así que hace tres años cuando decidí poner de vuelta y media mi alimentación, me planteé de qué forma podía cocinar esas tartas que comía a veces respetando que no tuvieran azúcar ni gluten. Y descubrí en las verduras y las frutas unos aliados maravillosos para lograr mi cometido.

Hoy te comparto dos recetas que te pueden servir si estás iniciando este cambio, y sino espero te sirvan de inspiración:

Pssst! Te cuento un secreto:
En estas semanas se viene un gran cambio en Canela & Coco, en el que vengo trabajando desde hace un tiempo.
La primera noticia exclusiva será por este medio, porque a tu lado es que he llegado a donde estoy y pretendo que me sigas acompañando en todo lo que haga.

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