Cada día estoy más convencida que nuestra forma de alimentarnos es una clave esencial si queremos recuperar la salud de nuestro cuerpo. Así como también ayudarnos de una actividad física, un buen descanso y minimizando los agentes estresores.

Yo sé que suena a cliché, a que lo has leído en mil sitios, a que se cae de maduro… pero con una mano en el corazón, de tan simple y obvio que parece, reparamos en una o ninguna de ellas en pos de nuestra mejora física.

Y a la mínima que tenemos un dolor, una enfermedad o un síntoma acudimos rápido al médico a que nos de una solución urgente para curar nuestros males. Y la responsabilidad así cae en el otro… porque nos cuesta preguntarnos ¿Cuánto de lo que hago a diario ha contribuido a ésto que me está pasando? Ojo! Que no quiero venderte la bandera de “no vayas al médico” sino mas bien invitarte a reflexionar si lo que haces cada día de tu vida ayuda o no a generarte un estado de bienestar.

  • ¿Trabajas en el lugar que quieres?
  • ¿Estás donde siempre quisiste estar?
  • ¿Tienes la vida que quieres?
  • ¿Te conoces en profundidad? ¿Te quieres?
  • ¿Mueves tu cuerpo a diario?
  • ¿Con qué nutres tu alma y tu cuerpo?

Y seguro me dirás… que no puedes abandonar tu trabajo, que no te sientes con fuerzas para salir a dar un paseo, que estás ocupado con muchas cosas, que no te dan las horas del día… y etcétera hasta el infinito. Te juro que te entiendo porque en ese agujero también he estado, pero he salido.

Y no. No salí de ahí en plan “la superada del mundo”, salí de ahí rota, muerta de miedo, triste, con poca vitalidad, con un vacío que me devoraba y con muchas ganas de volver sobre mis pasos al cobijo seguro del agujero.

¿Qué me impulsó a salir? Darme cuenta que tenía 31 años, que supuestamente había conseguido lo que supuestamente quería y no era ni una pizca de feliz.
Eso me quemaba por dentro y había consumido todo a mi alrededor: mi salud, mis emociones, mi cuerpo y mis relaciones.

Me hice las mismas preguntas de arriba y como las respuestas fueron tan dolorosas, lo primero que hice fue echarle la culpa a los demás. Y como las cosas no cambiaron (porque los demás cambian si les da la gana ojo! no nos engañemos) tuve que hacerme cargo de mí y de mi culo (perdón la expresión) y tuve que tomar una decisión.

No tomé 1.000 decisiones y cambié todo. Tomé UNA SOLA decisión, porque no me daba la energía para más: empecé por cambiar mi alimentación. Pero esa sola decisión cambió mi vida.

Cuando comencé a comer mejor, empecé a dormir mejor.
Estando más descansada tenía más energía disponible, y comencé a hacer actividad física, a generar serotonina y a oxigenar la sangre: veía más claro.

Viendo las cosas más claras, podía ser más objetiva y separar el trigo de la paja. Eso me devolvía seguridad y confianza.

Con esas herramientas busqué ayuda terapéutica para re-conocerme y poder así re-formularme.

¿Por qué mi primer paso fue la alimentación? Porque era lo único que estaba en mis manos, y de lo que podía hacerme cargo.

Si te ponés a pensar abrimos la boca para alimentarnos muchas veces al día, por lo que si te encontrás mal, tenés un problema de salud o querés un cambio en tu vida empezar por los alimentos puede ser un punto de partida interesante y revolucionario a la vez. 
Si nos alimentamos bien, tenemos energía, ganas de crear, de imaginar y de construir, nos sentimos plenos y podemos elegir libremente. La enfermedad nos retrae, nos aísla, nos deprime, nos resta energía, y en ese estado es más difícil elegir lo mejor, porque nuestro cuerpo está ocupado en resolver la enfermedad y por lo tanto escogemos lo menos peor.

Pregúntate con el corazón si lo que haces cada día te conduce a donde quieres estar y si te hace sentir pleno.

Y si la respuesta es NOpiensa qué cosa pequeñita estarías dispuesto a hacer diferente y hazla! No vale rumiarla como las vacas, sino pasar a la acción.

Hoy no hay receta. Aunque en mi página puedes encontrar muchas inspiraciones.

Hoy quiero regalarte una hermosa canción de Pedro Aznar que habla sobre el potencial que llevamos dentro y nos invita a descubrirlo y pasar a la acción.

Te dejo que la disfrutes, que la saborees lentamente y que las palabras te toquen en lo más profundo de tu ser.

Dale al Play y disfruta de tu regalo.